POR QUÉ LA FOTO EN TU CV PUEDE ABRIRTE PUERTAS… O CERRÁRTELAS DE GOLPE
A lo largo de mi experiencia —aunque haya sido de forma puntual— me ha tocado revisar CVs, participar en entrevistas y colaborar en procesos de selección. Y en todas esas situaciones aparece la misma duda una y otra vez: ¿poner o no poner foto en el CV? Parece un detalle menor, pero puede ayudarte… o complicarte más de lo que imaginás.
Lo primero es entender que no es obligatorio incluir foto. De hecho, en varios países se evita justamente para reducir cualquier riesgo de discriminación. En esos lugares, poner tu imagen no tiene ninguna ventaja real y puede generar sesgos que no tienen nada que ver con tu capacidad. Aunque sean procesos bien intencionados, los sesgos existen, incluso si nadie los menciona.
Ahora, también he visto casos donde una foto bien elegida sí aporta. Sectores como atención al cliente, turismo o ventas valoran esa primera impresión que da cercanía y ayuda a recordar al candidato. Cuando ves varios perfiles en un mismo día, una imagen profesional puede ser un punto extra… siempre que esté bien hecha, claro.
El problema aparece cuando la foto no es la adecuada. Selfies, mala iluminación, fondos caóticos… y todo eso resta profesionalismo al instante. Por eso muchos reclutadores prefieren currículums sin foto: evitan tener que descartar perfiles por detalles que no deberían importar, pero que inevitablemente influyen.
También es clave considerar el país al que estás aplicando. En Reino Unido, Australia o Nueva Zelanda casi nadie incluye foto. En Estados Unidos, especialmente en trabajos remotos, puede ser motivo de descarte automático porque las empresas evitan riesgos legales. No es cuestión de gustos: es cultura laboral.
Mi recomendación, basada en lo que he visto, es clara: en el CV, mejor sin foto, salvo que tu sector realmente la valore. Aprovechá ese espacio para destacar logros, habilidades y lo que te hace un buen candidato. Y si querés causar una buena impresión visual, ahí sí: una foto profesional en LinkedIn puede marcar la diferencia.
En resumen: no se trata de “sí o no”, sino de si te conviene estratégicamente en ese proceso. Si no te aporta, no la pongas. Si suma, que sea impecable. Tu CV es tu carta de presentación: que juegue siempre a tu favor.
