PUÑALES POR LA ESPALDA, DE ENTRE LOS MUERTOS: MEJOR QUE LA SEGUNDA, MUY LEJOS DE LA PRIMERA… Y DEMASIADO NETFLIX

La primera Puñales por la espalda fue un pequeño milagro. Ingeniosa, elegante, con alma de cine y vocación de clásico moderno. La segunda no estuvo mal, pero se pasó de lista y de caricatura. Y esta tercera, De entre los muertos, mejora claramente a la anterior… aunque sigue sin acercarse ni de lejos a lo que hizo especial a la original.

Rian Johnson vuelve a cambiar de registro y apuesta esta vez por un gótico oscuro, casi espiritual, ambientado en una iglesia y marcado por la culpa, la fe y el fanatismo. Es una decisión valiente y, por momentos, muy estimulante. El misterio funciona, el ambiente pesa y la película se toma más en serio a sí misma. Eso juega a su favor frente al tono excesivamente juguetón de la segunda.

También se agradece el cambio de foco. Benoit Blanc sigue ahí, pero comparte protagonismo y deja espacio a personajes como el del siempre brillante Josh O’Connor. La saga entiende que no puede repetirse eternamente y que necesita respirar por otros lados. En ese sentido, esta tercera parte es más madura y más ambiciosa en lo temático.

El problema no está tanto en lo que cuenta, sino en cómo se siente. Tanto la segunda como la tercera arrastran una estética y una narrativa muy reconocibles: ritmo pensado para no soltar al espectador, sobreexplicaciones constantes y una puesta en escena que huele a producto Netflix. Eficaz, sí. Memorable, no tanto.

La primera película era puro placer cinematográfico: diálogos afilados, dirección elegante y una sensación clara de estar viendo algo pensado para una sala oscura, en silencio, con el público entregado. Las siguientes parecen diseñadas para pausarse, rebobinarse y verse en casa, aunque duelan admitirlo.

Eso no significa que De entre los muertos sea mala. Al contrario: es mejor que la segunda, más coherente, más atmosférica y con un discurso interesante sobre la fe, el poder y el miedo colectivo. Pero también confirma que la saga ha cambiado de naturaleza. Ya no juega en la misma liga que aquel debut brillante.

Por eso, si hay una cuarta entrega —y todo apunta a que la habrá—, ojalá toque volver al origen. Menos algoritmo, más riesgo. Menos “contenido”, más cine. Porque Benoit Blanc se merece otro misterio que no solo se vea bien… sino que se sienta grande.