READY PLAYER ONE: QUITARSE EL CASCO CREATIVIDAD Y PRESENCIA EN LA ERA VIRTUAL

No hace falta ponerse un casco para vivir dentro de una realidad filtrada. Basta con encender una pantalla y aceptar, sin demasiadas preguntas, la versión del mundo que nos ofrecen los algoritmos, las métricas y las imágenes editadas. En Ready Player One, ese filtro se llama OASIS, pero en nuestro día a día adopta formas mucho más discretas y, por eso mismo, más poderosas.

Mirar a través de pantallas no solo cambia lo que vemos, también transforma cómo nos vemos a nosotros mismos. Elegimos avatares, narrativas optimizadas y fragmentos espectaculares de identidad porque resultan más cómodos que la complejidad de lo real. Preferimos lo brillante a lo cercano, lo inmediato a lo profundo, sin darnos cuenta de que esa elección constante educa nuestra mirada.

Desde ahí, la creatividad aparece como una vía de escape… o como algo mucho más interesante. El OASIS no es solo evasión, es un acto creativo colectivo, un espacio construido porque el mundo tangible se percibe insuficiente. Crear otros mundos habla de una insatisfacción, sí, pero también de una enorme capacidad humana para imaginar alternativas.

La pregunta incómoda es inevitable: ¿creamos para huir del mundo o para reinterpretarlo? Cuando la creatividad se limita a anestesiar, pierde fuerza. Cuando se usa para comprender mejor la realidad, se convierte en una herramienta transformadora. No se trata de negar lo virtual, sino de preguntarnos desde dónde y para qué lo usamos.

En un entorno diseñado para la hiperestimulación, vivir en modo inmersión total parece lo normal. Dopamina, notificaciones, estímulos constantes. Frente a eso, recuperar la atención plena se vuelve casi un acto de rebeldía silenciosa. Estar presente no implica rechazar la tecnología, sino aprender a elegir la lente adecuada en cada momento.

A veces, el verdadero reto no es entrar en otro mundo, sino quitarnos el casco, literal o metafórico. Permanecer con lo que hay, sin efectos especiales, exige más coraje que cualquier aventura digital. Pero también ofrece algo que ningún entorno virtual puede replicar del todo: una sensación auténtica de conexión.

En fotografía, elegir un encuadre significa dejar cosas fuera de la imagen. Es una decisión consciente. En la vida digital, en cambio, solemos olvidar que también estamos encuadrando constantemente. Mirar sin filtros no es mirar más, es mirar mejor, con intención y con calma.

Quizá por eso el bienestar no esté en encontrar mundos mejores, sino en entrenar una mirada más presente. Tal vez no necesitemos más píxeles ni más capas de realidad, sino aprender a habitar esta con mayor conciencia, creatividad y atención.