EN FIN: LA SERIE ESPAÑOLA QUE CONVIRTIÓ EL APOCALIPSIS EN UNA CRISIS EXISTENCIAL CON RESACA
En 2024 llegó a En fin en Prime Video y lo hizo con una premisa tan simple como potente: el mundo iba a acabarse… pero no se acabó. Ese giro inesperado no solo desactiva el desastre, sino que deja a sus personajes desnudos ante sus decisiones. Y ahí empieza lo interesante.
La serie, creada por David Sainz y Enrique Lojo, arranca con Tomás despertando en mitad del caos hedonista que él mismo eligió cuando creyó que todo terminaría. Abandonó a su familia para exprimir los últimos días de vida… y ahora tiene que enfrentarse a las consecuencias. La resaca no es solo física, es profundamente moral.
Uno de los mayores aciertos es el tono. La serie se mueve entre la comedia macarra, el absurdo y un drama cotidiano que incomoda más que cualquier meteorito. No se ríe del fin del mundo, se ríe de nosotros. De cómo reaccionamos cuando creemos que ya no hay reglas. De lo rápido que justificamos nuestras decisiones cuando pensamos que no habrá mañana.
El trabajo de José Manuel Poga como antihéroe funciona precisamente porque no intenta caer bien. Su Tomás es egoísta, patético y humano. Frente a él, Malena Alterio aporta una mezcla brillante de ironía y vulnerabilidad. La química entre ambos sostiene la historia incluso cuando el guion decide experimentar con el ritmo.
Porque sí, la serie no es perfecta. Hay momentos en los que parece no decidirse entre profundizar en el drama existencial o lanzarse del todo al disparate. Ese vaivén puede desconcertar. Pero también es parte de su identidad. No busca gustar a todos, busca proponer algo distinto dentro de la ficción española.
Más allá del concepto high concept del planeta que no impacta, lo verdaderamente relevante es el retrato de la miseria cotidiana. El apocalipsis frustrado actúa como espejo. ¿Qué pasa cuando ya no puedes culpar al destino? ¿Qué haces cuando el mundo sigue girando y tú has dinamitado tu propia vida?
En un ecosistema saturado de series clónicas, En fin apuesta por una personalidad muy marcada. Eso tiene riesgos. Algunos la han visto irregular, otros la consideran una de las propuestas más valientes del año. Lo indiscutible es que genera conversación, y eso ya es un mérito en la era del consumo rápido.
El gran interrogante ahora es su futuro. Meses después de su estreno, el silencio sobre una posible segunda temporada mantiene a los seguidores en vilo. Y sería una lástima que una ficción que se atreve a incomodar y a mezclar tonos con libertad quedara enterrada sin más. Porque, con sus imperfecciones, tiene algo que escasea: identidad propia.
Yo lo digo claro: a mí me gustó. No porque sea redonda, sino porque se arriesga. Y en un mercado que premia lo seguro, eso ya es casi un acto revolucionario.
